Curiosidades nos Xornais

          A continuación aparecen artigos copiados textualmente de antigos xornais.

 

 

La Voz (Madrid) 18-08-1928

Hablando con nuestros viejecitos.

Los centenarios españoles cuentan sus vidas a “La Voz”.

En la aldea de Reboreda vive un matrimonio de centenarios. Entre los conyuges, su hijo y su nuera suman trescientos treinta y ocho años.

            Habiendo llegado hasta mi noticias de que en la inmediata parroquia de Reboreda, una de las pintorescas aldeas que abundan en esta región, a unos tres kilómetros de distancia, y en el barrio llamado Asnelle de Arriba, vivía un matrimonio centenario, cogí los bártulos fotográficos y me dirigí a ese sitio con el propósito de obtener un retrato de los centenarios y de interrogarles acerca de hechos culminantes de su vida.

            Llego al humilde barrio, y al preguntar donde viven los viejos “Arabolas”, me señalan una de las seis casas que hay allí. Contesta a mi llamada una mujer de avanzada edad, y al exponerle el objeto de mi visita me dice:

-Efectivamente, aquí viven los viejos; pero se levantan tarde y dudo que pueda usted realizar su propósito de retratarlos.

            Ante mi declaración de que esperaría todo el tiempo que sea preciso, la mujer que me recibió accede a avisar a los centenarios, y oigo a la anciana que dice:

-¡Vaya por Dios tener que levantarnos ahora!

            Poco después me avisan que están preparados. Entro en una gran sala, y en el centro veo a los dos viejos.

-¿Con que viene usted a retratarnos?

-Si ustedes me lo permiten...

-¿Y para qué quiere usted nuestro retrato?

- Para mandarlo a LA VOZ, un diario de Madrid que publica retratos y datos de los centenarios que hay en España.

-Y, diga usted, señorito: ¿Esto nos costará algo?

-No, señor: no les cuesta nada. Al contrario, yo les regalaré un retrato, y hasta es posible que el Gobierno o la Diputación les conceda una pensión.

-¡Ay señorito, falta nos hace! Tenemos trabajado mucho desde que éramos jóvenes, y ya estamos imposibilitados. Pero, anda Ramona, prepárate para que este señor nos retrate, y estate muy quietecita para que salgas bien. Cuando usted quiera don... ¿Cómo se llama usted?

-Mario

-Bueno, “don Amaro”, cuando usted quiera.

-La anciana pide un ramo de flores que hay encima de la cómoda, pues -dice- eso hará muy bien en la fotografía.

            Impresiono la placa cuando ya están en la habitación con nosotros un hijo de los ancianos y su mujer, que es la que me recibió a la llegada.

            Al reanudar la conversación pregunto a la anciana cual es su nombre.

-Ramona Garrido Otero –contesta el marido, y añade-: Pregúnteme a mi, porque ella pronuncia muy mal y no le entendería usted.

-¿Qué año nació y dónde?

-Nació en San Martín, la parroquia que se ve desde esa ventana, el día 5 de enero de 1824. Ha cumplido, por tanto, ciento cuatro años; es tres años mayor que yo... ¡Pero Balbina! –dice dirigiéndose a la nuera-, “bótalle” una copa de vino a este señor, que tendrá sed. Verá lo bueno que es, está hecho aquí en casa, de la poca cosecha que hemos tenido este año.

-Y usted, ¿cómo se llama?

-Manuel Rivas Montero.

-¿Dónde nació?

-En esta misma casa, que era de mis padres y entonces no tenía más categoría que la de una choza; yo la reedifiqué..., pero ya le contaré de eso.

-¿Qué año nació?

-El 27 de agosto de 1826.

-¿A qué edad se casaron ustedes?

-Yo tenía veinte años y ella iba a cumplir los veintitrés.

-¿Tuvieron ustedes hijos?

-Sí señor; una niña, que murió a los catorce meses, y un niño que es ese que está ahí-y señalaba a su hijo-, de sesenta y seis años.

-¿Tuvo usted hermanos?

-Dos. Yo fui hijo único del primer matrimonio, pues mi madre murió a los ventitrés años; pero mi padre se casó de nuevo y nacieron dos varones.

            Después nos refiere Manuel que su padre murió a los noventa y siete años, y el de su mujer a los ochenta y nueve. Dice también que han tenido siete nietos, de los que viven tres; dos de ellos marcharon hace algunos años al Brasil, tienen siete bisnietos.

-Y diga usted, ¿me dará usted un periódico el día que “nos saquen”, para mandarselo a los nietos?

-Sí señor, cuente usted con ello.

-¿En qué ha trabajado usted?

-Verá usted, cuando yo tenía trece años fui a la finca próxima de Pousadouro, que es donde trabajé por primera vez a jornal; a los dieciséis entré de enfermero en el Hospital del Lazareto de San Simón; después pasé a la cocina y allí trabajé nueve años; luego, a los treinta, embarqué en Portugal para el Brasil, donde volví a trabajar de cocinero; al regresar a España, con lo poco que ahorré reedifiqué esta casa.

            Le pregunto si bebe, y contesta que siempre le ha gustado el buen vino, y el aguardiente del país aún más.

-Y fumar, ¿ha fumado mucho?

-¡Ca, no señor! Verá usted, don “Amaro”-me dice riéndose-; una vez estando en el Lazareto me dieron unos cigarros puros; me los fumé seguidos, porque me gustaron mucho, y cogí una borrachera que me duró todo el día y la noche. Desde entonces no he vuelto a intentar fumar.

            Cuenta mi interlocutor que durante cinco años estuvo ayudando a mandar ganado para una guerra que hubo en Madrid, pero no sabe precisar más.

            Nos dice Manuel que el régimen alimenticio de él y su mujer es siempre a base de pescado cocido y algunas papillas de harina de maíz.

            Conservan los dos todas sus facultades mentales, sobre todo él, como puede apreciarse por el diálogo que transcribimos. Ella rehuye el hablar, porque dice que se fatiga mucho. Tienen buena vista, y la cabeza cubierta de pelo; él negro todavía.

            Por no cansarles más, me levanto para marcharme, y ofreciéndome otra “pintiña” me dice Manuel:

-Oiga usted, señor. No olvide usted decir en el periódico que me llaman el “Arabolas”, y que este proviene de mis bisabuelos o más atrás.

            Me despido de los simpáticos centenarios. Salen hasta la puerta acompañados del hijo, Jose Antonio Rivas, que tiene sesenta y seis años, y su esposa, Valentina Blanco, de su misma edad. Entre los cuatro que habitan la antiquísima casa suman la friolera de trescientos treinta y ocho años.

MARIO L. DE ROBLES

Redondela, julio de 1928

 

 

Gaceta de Galicia (Santiago) 01-12-1893

            El Sr. D. Marcial A. Piñón rico propietario de Redondela, ha regalado, por mediación del Sr. Teijeiro al museo de antigüedades de la Universidad, un hermoso ejemplar de una cabeza momificada y reducida en sus dimensiones, perteneciente a uno de los jefes más feroces de la temible tribu de los Shapras, en el Perú, lamado el Gran Paturna.

            La cabeza de aquel salvaje perfectamente conservada por medios para nosotros desconocidos y que tanto llaman la atención en las momias egipcias y peruanas, se presenta sumamente reducida en sus dimensiones, conservando sin embargo sus rasgos fisonómicos aún los más insignificantes. El volumen de dicha cabeza es aproximadamente el de un puño, poco más, su coloración aceituna oscuro, llamando la atención los vestigios del vello en el labio superior e inferior y en las cejas. A pesar de todo esto, lo más notable de esta cabeza es la hermosa cabellera que, a despecho del tiempo conserva intacta, de un pronunciado color negro brillante, lacia y de una longitud de cincuenta y tantos centímetros.

            La cabeza ha sido fotografiada por el inteligente y conocido fotógrafo Sr. Carrero.

            A aquella y para comprobar su autenticidad, acompaña el siguiente y original documento del Sr. D. Abel Linares, que fue de quien la adquirió en aquellas lejanas regiones, documento que, traducido literalmente, dice así:

            Cabeza disecada de salvaje.

            A este le llaman por nombre el Gran Puturna, Jefe Curaca de la tribu de los Shapras, habitantes en las vertientes del río Huituyaco y Chindri, en el alto Marañón, Perú. Esta tribu era desconocida hasta hoy por los cristianos: Puturna asesinó primero a uno de los salvajes de la tribu Huambiza, y los compañeros de este asociándose a otra tribu de nombre Cucharuna, se fueron a matarle a su tombo de los cabeceros de Huituyaco y le cortaron la cabeza, la disecaron y pasaron la fiesta. Después me fue vendida por intermedio de uno de los salvajes con quien tengo relación. Yqueles 30 de noviembre de 1892.

            A continuación de este documento existe la siguiente.

            Nota. La tribu de los Shapras ha sido la más temible. Los Huambizas (muchos de ellos apóstatas y que usan lanzas de acero compradas en el Ecuador) unidos a los Cucharunas no le hubieran metido diente pero siendo las dos últimas tribus (con las cuales hacía negociaciones el Sr. Linares) molestadas constantemente por los Shapras, armó a muchos Cucharunas y a algunos Huambizas, con rifles Winchester, les enseñó el manejo de esta arma y por esta razón los siempre vencidos se volvieron vencedores.

            La estatura de los Huambizas no baja de 65 a 70 pulgadas; son robustos usan escudo y manejan la lanza con extraordinaria destreza; pueden competir perfectamente con los Araucanos, siempre que estos no hagan uso de sus caballos.

            A los Cucharunas no puedo describirlos puesto que no los conozco. Su alianza con los Huambizas es seguramente debida al mayor número de rifles que tienen los primeros. Marcial A. Piñón

                       

El Heraldo Gallego (Bos Aires) 24-09-1927

A Raposa morta

            No número derradeiro d’o periódico “La Idea” de Redondela, lin a noticia de que s’iba a estabecer un servicio de vapor, pra carga e pasaxeiros, entre aquela vila e Vigo.

            Non sería este un servicio novo, porque xa fai ben anos que o houbo, se non con barcos de vapor, con lanchas de vela.

            Era naquel tempo en que non había camiño de ferro nin seica dilixencias como has había n-o tempo d’a miña primeira mocedá.

            Quer decir qu’o servicio a que me refiro era anterior o meu nacimento, que, según vos teño dito moitas veces, xa vai un pouco longo.

            Eu sei qu’e había o tal servicio de pasaxe e carga, porque lémbrome de ter oído contar n-a miña casa unha cousa que presenciou un certo antepasado meu, axudante d’Obras Púbricas, que por selo, adoitaba facer moitos viaxes por Galicia adiante.

Raposa Foto:descobrir-a-terra.blogs.sapo.pt
Raposa Foto:descobrir-a-terra.blogs.sapo.pt

   En certa ocasión tivo qu’ir de Redondela a Vigo, e como a maneira máis cómoda que destonces había pra facer ise viaxe a d’ír embarcado, tomou pasaxe nunha lancha.

            Iban n-a mesma embarcación outras varias persoas, entre elas unhas mulleriñas que levaban un par de ducias de galiñas pra vender en Vigo.

            Os animaliños iban metidos n-a bodega, y-as persoas sobr-a cuberta d’a embarcación. Así era qu’istas non vían o que pasaba embaixo.

            Mediado o viaxe, ou sexa cando iban pasando por aquel fermoso canal qu’hai entre Rande y a Guía, oiuse n-a bodega d’a lancha un forte cacarexar, máis nadie fixo caso, coidando que serían as galiñas que pelexaban unhas con outras, ou qu’algunha d’elas tiña posto un hovo, y-as demáis facíanlle unha festa, como sucede a veces.

            Durou aquilo uns poucos menutos e por fin parou.

            Cando a embarcación chegou a Vigo, foi varar a praia d’o Convento, porque entón inda non había muelles nin malecón, nin nada canto hai hoxe.

            Os mariñeiros tiñan que coller as pasaxeiros o lombo e pousalosn-a erea, pra que se non mollaran; yasí encomenzaron os d-a lancha a poñer en terra os que iban n-a embarcación.

            Un d’os primeiros que pasou foi o meu parente, yas derradeiras, as mulleriñas d-as galiñas pra recoller a mercancía.

            Por certo que, cando se foron facer cargo d’elas alcontráronse c’un verdadeiro destrozo.

            Unhas cantas galiñas estaban mortas y outras a medio morrer, e tanto a estas como aquilas, faltábanlle moitas prumas y-anacos de carne.

            Aquilo soilo unha raposa o podía ter feito, y efectivamente, alí estaba a condanada d’a raposa, morta, sin duda algunha, d’o atracón de galiñas que se tivera dado.

            Certamente que, aproveitando un descuido d’os mariñeiros, metérase n-o barco dispois d’émbarcadas as galiñas, y-o cacarexar que se tiña oído, o que s’armara cando encomenzou o banquete.

            Pra convencerse de qu’estaba morta,déronlle couces os mariñeiros, arrastrárona pol-o rabo, e nada, a raposa non daba señales de vida.

            As mulleriñas berraban pol-a perda qu’a ladra da raposa lles fixera y-os mariñeiros rian coma parvos.

            Un d’eles colleu a raposa pol-o rabo, dándolle voo, zorregou con ela na area.

-Ehí vai iso pra que lle fagan o enterro-dixo.

-Ou pra qu’a leven a fonda das Catro Nacións-excramou outro mariñeiro-qu’ha de faguer bo caldo.

            Mais a raposa, aínda ben non tiña caido u-a area, deu un pulo e botou a correr coma si lle tiveran posto un foguete.

AVELINO RODRÍGUEZ ELÍAS

        

19260108 El Diario de Pontevedra

 

Uns borrachos bromistas.

            Según din de Redondela, o pasado domingo colleron unha regular borracheira os veciños de Cedeira: Juan e Gonzalo Borge, José Vicente Pérez Rodríguez, Juan Toracido e Jesús Pernas. A “papalina” deulles por gastar unhas cantas bromas aos veciños.

            Primeiro colleron unha escaleira de man nunha obra en construcción e a atravesaron na estrada, estando a piques de bater con ela un automóvil.

            Colleron logo un carro do país, propiedade de Salvador Rodríguez, e o deixaron na porta da casa do alcalde, con catro nasas de pescar langostas que roubaron a un veciño.

            Por último, foron á corte de Taracido e sacaron un burro que levaron ante a casa do tenente alcalde, Andrés López, onde o amarraron do ronzal ao chamador da porta. Os borrachos divertíronse vendo como burro daba golpes ao chamador cada vez que axitaba a cabeza.

            Unha parella da Garda civil puso fin a estas “lindas” bromas detendo aos borrachos.

 

Texto:J. Migueles

Actualizado: 26-07-2013

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